¿Pero es que no nos oyen?

La viñeta de Eneko se ha convertido en todo un símbolo

Ayer fue un día largo en el Congreso de los diputados. Desde por la mañana se estaba debatiendo la Ley de Economía Sostenible, incluida su famosa Disposición Final Segunda la “Ley Sinde”. La votación se debía haber celebrado a las 14.00 horas aprobándose la LES con los votos del partido en el Gobierno (el PSOE) ÿ el apoyo de CiU. Pero no fue así. CiU anunció que votaría en contra de la Disposición Final Segunda si no se modificaban otros puntos de la LES, lo que virtualmente dejaba la Ley Sinde fuera.

Se produjo entonces una de esas situaciones políticas incómodas. La votación se retrasó primero hasta las 15.15, y luego se volvió a retrasar dejándola para el final de la sesión (al final se votaría pasadas las 23.00). Aunque a los ciudadnos se nos tome por tontos, probablemente durante todas esas horas el PSOE estuvo negociando, intentando conseguir los apoyos necesarios para hacer realidad la Ley Sinde. Pero al final tuvo que darse por vencido al no satisfacer las exigencias de CiU en el resto de la LES y la polémica Disposición Final Segunda fue rechazada por 20 votos en contra y 18 votos a favor.

Pero para mí sigue siendo verdaderamente kafkiano el empeño del Gobierno en aprobar la Ley Sinde. Vamos a hacer un repaso de lo que sabemos hasta ahora, porque parece que ni nos oyen a nosotros ni se escuchan ellos mismos:

  1. La Ley no es una idea de políticos, organizaciones o ciudadanos españoles; sino que viene impulsada desde Estados Unidos. Lo sabemos gracias a los cables de WikiLeaks, y es ya un hecho indiscutible.
  2. Los partidos políticos españoles no miraban la Ley Sinde con buenos ojos. Por eso el PSOE pidió a Estados Unidos que presionase al PP, a PNV y a CiU para ganar apoyos. También lo sabemos gracias a los cables.
  3. El propio Gobierno ha tratado esta Ley de una forma muy oscura. En vez de tratarla de manera independiente la introdujo dentro de la Ley de Economía Sostenible, escondida entre miles de folios como si fuese un mero trámite a sabiendas de lo que implicaba.
  4. Pese a los intentos de mantener la Ley Sinde escondida, la opinión pública tuvo conocimiento de ella y se creó un movimiento espontáneo conducido a través de las redes sociales, el del #manifiesto, tan grande que a las pocas horas de presentar la propuesta de esta ley la Ministra de Cultura tuvo que reunirse con representantes de este movimiento (escogidos de forma muy arbitraria por el propio Ministerio).
  5. Mientras las protestas contra la Ley Sinde continuaban, uno de sus máximos valedores, la SGAE, recibía un duro revés desde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea: el canon digital que cobra es abusivo e ilegal. Si ya tenían poca credibilidad y una mala imagen de cara al ciudadano, esto no ayuda. Por supuesto este revés también se vuelve en contra de la propia Ley Sinde que la SGAE defiende.
  6. Un grupo activista tiene la idea de crear una página web desde la que los usuarios podemos enviar un mensaje de correo electrónico en contra de la Ley Sinde a todos y cada uno de los diputados españoles. La respuesta es tan masiva que los diputados se ven obligados a pedir auxilio a los técnicos informáticos porque reciben tantos mensajes que se les satura el correo electrónico. Algunos lo intentan tachar de SPAM, como si el mensaje personal de un ciudadano a un diputado fuese algo malo.
  7. En un intento de volver a esquivar la presión pública, el Gobierno trata de aprobar la Ley Sinde a través de una comisión legislativa plena. Pero vuelve a fracasar, vuelve a no entender que la democracia ha cambiado y que no se pueden hacer las cosas de espaldas a los ciudadanos. De nuevo las redes sociales se encargan de divulgar toda la información posible.
  8. Y llegamos al día de la votación con Twitter echando humo, con la organización de ataques a las páginas web del Congreso y los partidos políticos y con los diputados echándose para atrás en el último momento. Y todavía esperaban aprobarla, como si todo lo que estaba pasando en Internet no fuese con ellos.
  9. Para rematar, hoy, el día siguiente al gran fracaso de su Ley, esa Ley que ella aseguraba era necesaria pero que no ha contado con el apoyo de ningún otro partido, Ángeles González-Sinde sigue siendo Ministra de Cultura de España.

En resumen: el Gobierno pretendía aprobar una Ley impuesta desde un país extranjero y que la mayor parte de los españoles no quieren, salvo un grupo de presión que trata de proteger sus propios intereses al no saber adaptarse a las nuevas tecnologías. Ha intentado manipular a otros partidos políticos, ocultar la verdad a los ciudadanos e influenciar en la opinión pública. Ha fracasado en todo en todo y todavía nadie ha asumido la responsabilidad.

Y pese a todo insisten en aprobar la Ley Sinde, porque esto no acaba aquí. El día 18 de enero la Ley vuelve al Senado, y con ella volverá el movimiento social que trata de hacer entender a nuestros políticos no sólo que la Ley Sinde es un error mayúsculo, sino que es un error aún mayor no escuchar al pueblo que están representando. Sobre todo si ese pueblo, como nosotros, tiene Internet y redes sociales desde las que expresarse, presionar e incluso actuar.

4 thoughts on “¿Pero es que no nos oyen?”

  1. Hola Andrés. Tú mismo te respondes en el texto a la pregunta que sirve de título. No, no oyen. Pero si te sirve de algo, tampoco escuchan,ven o sienten.

    Los políticos van por un sitio y la sociedad por otro. Es cada día más evidente.

    De todas formas, yo no soy tan optimista sobre la influencia que las redes sociales y los colectivos que se han organizado para protestar han tenido en todo este asunto.

    El PSOE no ha tenido nada interesante que ofrecer en la negociación a nacionalistas vascos, catalanes o canarios. El PP, el otro partido mayoritario con posibilidad de gobernar, simplemente está actuando por réditos electorales.

    La Ley Sinde saldrá o no adelante en el Congreso dependiendo de las mayorías, y no del interés en la protección de los derechos de autor o del respeto a los internautas de los partidos. Lamentablemente.

  2. Estoy totalmente de acuerdo en que lo que ha decidido todo al final ha sido el trapicheo político, pero el movimiento en las redes sociales ha sido imprescindible. Sin todo este ruido la Ley Sinde habría entrado en el paquete de la LES como un punto sin importancia. En cambio, gracias a todo el lío es una ley que se tiene que negociar por separado, a la que se presta un poco de atención y de la que la mayor parte de la gente ha oído hablar, lo que cuando menos permite que haya opiniones al respecto.

    Queda el paso por el Senado, y ahí veremos si los políticos se deciden a escucharnos a nosotros, sus ciudadanos, o a un Gobierno extranjero. Y espero que se decidan por nosotros y, antes de aprobar una Ley para controlar el tema de las descargas y los derechos de autor (que nos hace falta), lean lo que esta pasando en la Red y corrijan la catástrofe de la Ley Sinde. Que luego parece que les pilla por sorpresa que les ataquen las páginas web.

  3. Estoy de acuerdo. También pienso que hace falta una ley ACTUAL que regule los derechos de autor. Lo que está claro es que para ello va a ser necesario mucho diálogo, mucha colaboración y pocos políticos.

    Me parece muy inteligente la actitud de Alex de la Iglesia en todo este asunto. Defiende sus intereses y los de la Academia de Cine que representa, pero se presta a debatir y comparte puntos de vista no dogmáticos. Es un primer paso interesante.

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