Buenas y malas relaciones públicas

La semana pasada estuve dos días en Fitur como periodista acreditado. Habíamos acordado varias entrevistas con distintos representantes de instituciones dedicadas al turismo, y eso me dió la oportunidad de comprobar in-situ la diferencia entre una buena agencia de relaciones públicas y una mala.

Quiero empezar resumiendo brevemente los dos ejemplos positivos. El primero, una agencia con la que trabajamos desde hace tiempo y que lleva la promoción de un país que estaba presente en FITUR. Nos invitaron a la rueda de prensa, donde nos dieron algo de comer y una copa de vino, y por supuesto el dossier de prensa de su cliente (que incluía un pequeño regalo). Todo en hora y con un trato amigable, sin tener apalabrada ninguna entrevista o previsión de ir a publicar algo sobre ellos. Tan sencillo como debería ser siempre.

El segundo ejemplo positivo es más curioso. Uno de mis compañeros se encontró en el propio FITUR con una conocida que trabaja en una agencia de comunicación. Tras saludarnos y hablar un poco, nos contó que estaba en la feria con un cliente importante (llevan la promoción turística de otro país en España), y en unos minutos nos hizo un hueco y estábamos entrevistando a un alto cargo de ese cliente. Además, nos pidió que fuésemos a conocer a otro cliente que tenían en FITUR (una empresa), ya que acababan de conseguir la cuenta y les interesaba empezar a generar movimiento. Mientras esperábamos a la entrevista nos ofreció picar algo en el stand de su cliente y se quedó hablando con nosotros. Resultado: agencia, clientes y medio salen ganando, y además se van contentos.

Ahora vamos con el ejemplo negativo. Es triste después de ver que no es en absoluto difícil hacer bien el trabajo de RR.PP. en un evento de estas características, pero precisamente por eso creo que es necesario hablar de ello, con la esperanza de que se vayan eliminando estas malas prácticas de la profesión.

Todo empieza la semana justo antes de FITUR, cuando nos llega un correo de la agencia, a la que no conocemos de nada, ofreciendonos varias entrevistas con sus diversos clientes. El mismo correo que mandan a todos los medios, pero como nos parece interesante, nos ponemos en contacto con ellos y acordamos las entrevistas. Nada complicado: a esta hora en este stand hacemos esta entrevista. Pero con esta agencia nada es fácil.

Lo primero: no siempre sabíamos a quién íbamos a entrevistar. Sabíamos el cliente, pero no conocíamos el nombre o cargo de la persona en cuestión. De los tres casos en que sí teníamos nombre, cuando llegamos a una de las entrevistas era la chica de la agencia la que no sabía a quién tenía que avisar, y en otra (la más importante) nos cambiaron al entrevistado en el último segundo, textualmente. En la tercera, no había ninguna sala disponible porque a nadie se le había ocurrido pedirla, y tuvo que ser el propio cliente quien buscase porque, además, la chica de la agencia se fue porque tenía otras cosas que hacer.

El segundo fallo es tratarnos como si no les importásemos. Para una agencia de comunicación y relaciones públicas los medios son esenciales, y por eso es importantísimo tratarles con todo el cariño, hacerles sentir importantes y especiales. Si a un medio le cae mal una agencia, irremediablemente todos sus clientes van a sufrir las consecuencias y eso, a la larga, va a repercutir negativamente en la agencia. Así que malo es que la chica agencia no sepa nuestros nombres después de presentarnos a tres clientes el mismo día, pero aún es peor que se les olvide que tenemos planeada una entrevista (si no llegamos a estar nosotros cinco minutos antes de una de las citas, perdemos la entrevista), que nos acosen con llamadas al teléfono móvil y que nos lleven de un lado para otro, siempre tarde y con prisas.

Pero si hay algo que nos sentó mal es que nos hiciesen esperar en todas las entrevistas y fuesen incapaces de ofrecernos algo de comer o de beber, teniendo en cuenta que sus clientes estaban regalando comida en sus respectivos stands. El colmo fue cuando, a la hora de comer, una de las chicas de la agencia nos mantuvo esperando fuera del stand mientras ella entraba a tomar un café, y salía galleta en mano a decirnos que la entrevista se retrasaba cinco minutos más. Cuando terminó la entrevista todavía tuvo el morro de preguntarnos si habíamos comido y, cuando le respondimos que no, nos dijo que fuésemos a otro stand de otro de los clientes de la agencia que “seguro que allí queda algo”. Menos mal que algunos de sus clientes están mucho mejor educados, y si nos ofrecieron la hospitalidad de sus stands.

En definitiva, durante toda la feria la “agencia mala” falló en cosas básicas: apuntarse nombres y citas, y ser amable con los medios. En lo que no ha fallado es en llamarnos varias veces (al móvil personal, por cierto) y mandarnos correos electrónicos desde el mismo lunes (FITUR acabó el domingo) preguntando por los contenidos y pidiéndonos los enlaces aunque ya les dijíimos que estarían a mediados o finales de semana. En cambio, nosotros les hemos recordado que uno de sus clientes nos ha pedido que hablásemos con la agencia para que nos incluyesen en el próximo viaje de prensa (porque nos interesa tanto a nosotros como a su cliente) y de eso no nos han dicho nada. Será que, como los canapés, lo guardan para sus amigos.

4 thoughts on “Buenas y malas relaciones públicas”

  1. Vergonzoso, aunque desgraciadamente, la tuya no ha sido una experiencia única. Hay muchas personas que no conocen el significado de su trabajo, “relaciones públicas”… Ni los relaciones públicas que trabajan en agencias, ni los responsables de prensa de muchas empresas u organismos oficiales. Afortunadamente, otros muchos sí que se preocupan por su trabajo y por las personas o entidades a las que representan.

  2. @Ideas Contadas: y lo que me joroba es que no es precisamente una ingeniería… ¿de verdad hay que tener estudios universitarios y un master para saber ser amable y cuándo hay que esforzarse?

    Ya dejé un mensaje a Laro en su blog, en el artículo que va de esto mismo…. tendremos que cambiar las cosas cuando lleguemos ahí arriba!

  3. Muy buenas… Llevo días para escribirte. Es un problema que me preocupa especialmente porque lo sufro a menudo.

    Ya he contado más veces que para conseguir una entrevista con cualquier personaje de medio pelo tengo que luchar antes con jefes de prensa, jefes de gabinete, relaciones públicas, directores de comunicación y un largo etcétera, como se suele decir… ¡Lamentable!

    Yo soy periodista, pero he trabajado en gabinetes de prensa y en departamentos de comunicación. Reconozco que si buscara un buen sueldo, únicamente, dirigiría mi carrera profesional hacia ahí, hacia el mundo de la empresa. Pero no me motiva lo más mínimo.

    Tuve que mentir demasiadas veces, escribir discursos en los que no creía e inventarme excusas imposibles para salvar el culo a mis jefes.

    Prefiero estar al otro lado, aunque me sigan diciendo eso de “vuelva usted mañana”.

    Te recomiendo la lectura de este texto, de la Defensora del Lector de EL PAÍS, Milagros Pérez Oliva:

    http://blogs.elpais.com/defensora-del-lector/2010/10/intercambio-de-cromos-y-otros-vicios.html

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